miércoles, 26 de septiembre de 2012

El medallista que salió de la boca de un tiburón

Extraído del diario AS.

  • Perdió la pierna derecha para salvar a su hermano de un escualo.

     Almudena Rivera. Londres04/09/12

    Hace seis años, Achmat Hassiem estaba en la playa de Muizenberg, una cuna de surferos cerca de Ciudad del Cabo, junto a su hermano pequeño. Taariq, de 17 años, estaba en el agua cuando Achmat se percató de que se le acercaba un tiburón blanco y no lo dudó. La vida de su hermano estaba en juego y se fue directo al agua. "Vi algo con el rabillo del ojo, una sombra, y pensé que sería una foca o un delfín, pero de pronto vi su aleta salir del agua", comenzaba con su escalofriante relato. "Un tiburón blanco de cuatro metros y medio se metió en la bahía y fue a por mi hermano. Mi labor como hermano mayor fue protegerle", revelaba ante los micrófonos de la BBC.

    Sin pensárselo dos veces se acercó al tiburón para intentar desviar la atención hacia él y proteger a Taariq mientras gritaba a los socorristas que sacasen a su hermano del agua. "Les gritaba que saliesen con el barco a por él, que estaba en peligro, pero no entendían lo que les decía", recuerda, como si lo estuviera viviendo ahora mismo lo ocurrido en esa soleada mañana de agosto de 2006.

    "Entonces empecé a chapotear para distraer al tiburón, alejarlo de mi hermano", recordaba Hassiem, que vio cómo el animal se dirigía directamente hacia él y su aleta desaparecía bajo el agua. "Yo sabía que a los tiburones les gusta atacar desde abajo, pero no atacó, me golpeó con su cuerpo y empezó a girar alrededor de mí", cuenta. En ese momento perdió de vista al escualo, pero vio a su hermano, que le gritaba. "Entonces lo vi venir, tenía la boca abierta".

    Cincuenta metros bajo el agua

    El tiburón le agarró la pierna derecha y le arrastró 50 metros debajo del agua. Sólo se pudo liberar cuando escuchó que se rompía la pierna y se le seccionaba. "Noté que mi pierna no se movía y cuando miré hacia atrás vi por qué: de la rodilla para abajo estaba en la boca del tiburón", relataba ante el sudafricano. "Lo único que pensaba era en alejarme de su boca. Empujaba con la mano sobre su boca e intentaba poner mi pierna derecha sobre su cabeza para empujar, pero vi que la mitad de ella estaba en su boca y la empezaba a sacudir violentamente hasta romperla. Fue terrorífico sentir cómo mi pierna se desgarraba, pero no noté dolor en absoluto, estaba en shock total", explica.

    Antes de lograr liberarse, el tiburón intentó arrastrarlo hasta el fondo del mar. "Me sacudió una vez más e intentó llevarme hacia abajo. Pensé que iba a morir, empecé a dejar de oír el motor del barco de salvamento y me empezaba a faltar el aire, pero decidí luchar y empecé a golpear con mis puños el cuerpo del tiburón. Entonces me sacudió dos veces más y en la segunda se oyó el crujido, incluso bajo el agua, de mi pierna al separarse de mí". Un sonido que nunca podrá olvidar.

    Achmat nadó lo más rápido que pudo hacia la superficie para pedir auxilio y ser atendido urgentemente. Lo más importante es que consiguió que su hermano saliese ileso. Sin embargo, él había perdido parte de su pierna derecha. A pesar de todo, al echar la vista atrás, dice que lo volvería a hacer.

    Tenía sólo 24 años pero las prioridades estaban muy claras. "Lo más importante era la vida de mi hermano. Perder una pierna no es nada. Lo que no habría podido superar nunca es la pérdida de él", ha llegado a decir. No sólo eso, además hace gala de un gran optimismo y sólo se queda con la parte buena de aquel suceso que supondría un giro a su vida. "Me cambió la vida, sí, pero desde entonces me han pasado muchas cosas buenas. Por ejemplo, estoy en unos Juegos Paralímpicos".

    Una aleta en la prótesis

    Tenía por delante una nueva vida. El que fuera guardaespaldas empezó la rehabilitación y aprendió a caminar con la prótesis. Después de un episodio tan traumático lo normal es que no quisiera ver ni en pintura a un tiburón, pero él se pintó las aletas de uno en su prótesis. Quizá fuese una forma de recordar que, aunque el tiburón se llevó parte de su pierna derecha, no pudo con él ni con sus ganas de vivir.

    Y no sólo eso, es en el agua, pero en la de la piscina, en la que se ha forjado una carrera como nadador paralímpico. Su fuerza de voluntad y determinación hicieron que apenas dos años después del ataque participase en sus primeros Juegos, los de Pekín. Entonces no consiguió medalla pero con esa experiencia cumplió su sueño.

    Después de su etapa iniciática sólo pensaba en subir al podio en los siguientes Juegos Paralímpicos. Con ese objetivo ha trabajado los últimos cuatro años. Su lema es: "Cuanto más sudes en un entrenamiento, menos sangrarás en la batalla". En Londres su lucha ha tenido recompensa. El pasado sábado el nadador sudafricano ganaba la medalla de bronce en los 100 metros mariposa


miércoles, 19 de septiembre de 2012

La obra de Pep


Desde la distancia no se exacerban los matices más bien al contrario se relativizan, seguramente porque los análisis se hacen lejos de colores y escudos y cercanos a la razón incluso aún más a los sentimientos.

Por todo ello me pareció interesante reproducir esta reseña escrita al otro lado del océano y al mismo de las emociones que a muchos nos genera el fútbol en cualquier parte del mundo.
Gracias David Aguirre ‏(@davidaguirre1)

Columna publicada en 11wsports el día 27 de abril de 2012.
Por Ariel Scher

Ahora que dice adiós, lo mejor del Maestro Pep no reluce en ninguna vitrina. El tipo lo sabe: se va campeón. De verdad, campeón. Un campeón no es un individuo que alza la colección inacabable de copas que acarició con sus pulgares. Un campeón es otra cosa: alguien que vislumbra un sueño y se permite soñarlo, alguien que cree que tener ideas implica dar pelea por esas ideas, alguien que conoce que el fútbol no es la existencia pero a veces la resume, alguien que nunca olvida que ganar no consiste sólo en hacer más goles, alguien que asume que la vida pesa y lleva el peso, alguien que no se permite la ingenuidad pero tampoco la trampa. Si el Barcelona de Guardiola no hubiera dado tantísimas vueltas olímpicas como para marear al mundo, correspondería decir lo mismo. Al cabo, ese equipo -que ya es de todos y es bien de él- más que vueltas olímpicas dio vuelta al fútbol hasta ponerlo, ante los ojos del universo, de pie.
El Barça de Guardiola es el rostro y la pasión a través de los que el fútbol refundó unas cuantas cosas. Fue y es la más alta combinación de la historia entre la dinámica de lo impensado y la dinámica de lo pensado. O sea: una exaltación de la capacidad creativa de los hombres puestos a jugar que se articuló con la tarea meticulosa por anudar cada detalle de los que se pueden prever. O sea: una orquesta sinfónica inigualable, hiperpoblada por improvisadores, que se abasteció con los soportes de lo planificable. O sea: la sociedad más deslumbrante entre la espontaneidad y la premeditación, entre el asombro y la lógica, entre la magia y el método, entre las señales del pasado y los desafíos del futuro, entre el derecho a lo individual y la grandeza de lo colectivo.
Acaso sin ponerle esos términos, Guardiola creyó en el Barça de Guardiola desde que era pequeño. Así le enseñaron el fútbol, así jugó al fútbol, así modeló el juego de los que, orientados por él, juegan al fútbol. No resultó tan sencillo como parece. A Pep le tocó una circunstancia en el tiempo en el que ciertas comprensiones y ciertas sensibilidades del sentido de jugar -que el Barcelona seguía fecundando y exponiendo desparejamente a la luz- parecieron condenadas al silencio o a la derrota por muchos de los voceros de la era del palabrerío deportivo. Y, sin embargo, excavó hasta sacar a esas comprensiones y a esas sensibilidades del subsuelo del olvido para ponerlas sobre el suelo de las canchas. Y, sin jactancias, admitiendo que el fútbol alberga muchas maneras de asumirlo, defendió lo propio con la palabra, con la conducta, con el juego.
Guardiola aprendió y enseñó un fútbol que reivindica a dos protagonistas extraordinarios: las personas y la pelota. El Barça de Pep expuso cuánto vale la pena moverse para tener la pelota, cuánto regocijo implica tenerla para dársela a los compañeros, cuánta solidaridad demanda recuperarla para volver a tenerla. Suena a elemental porque, en definitiva, en eso consiste el fútbol. Y, sin embargo, suena a maravilloso porque la propiedad de la pelota -la convicción de conquistarla y la voluntad de compartirla- fue despreciada o relativizada por las tendencias dominantes antes de que el enorme edificio de fútbol que erigió Guardiola con sus jugadores sacudiera a los estadios. El juego de posesión, la construcción asociada, la determinación de empezar y empezar y empezar, la certeza de que el gol es un propósito pero no un propósito sin medios, la evidencia de que esos medios son tan relevantes como el propósito, la vocación generosa de protagonismo en cada segundo, la evidencia de que el fútbol es para los otros y para uno, con los otros y con uno: todo eso detalla que a Pep le tocó timonear un navío contra el oleaje del mar espeso de la alta competición. A veces sucede: le salió un viaje tan audaz como hermoso.
La pila de resultados favorables con las que simpatizantes y estadígrafos contarán al Barsa de Pep no incluirá, probablemente, uno de sus logros mayores: ese equipo no sólo justificó tener pupilas para enfocarlas hacia sus aventuras arriba del césped, sino que también reeducó qué mirar cuando se mira fútbol, qué esperar de un partido. Aquello que no se podía ver se vio. Pep aprovechó las líneas centrales de la escuela formadora de futbolistas del Barcelona y la potenció hasta la excelencia. El fútbol es el espectáculo central de una era en la que casi todo se espectaculariza. Millones miran a unos cuantos que juegan. Y, no obstante, convertido en función de gala y en arte consecutivo, Pep concibió a un Barsa que convocó en cada una de sus presentaciones a públicos planetarios no porque se hubieran vuelto hinchas rabiosos del Barcelona. Lo que registraban era que las horas del Barça de Pep en la cancha expresaban una cita con la belleza, con el atrevimiento, con la fascinación, con la alegría.
Demasiadas derrotas de la condición humana avisan que no es posible asegurar que las grandes obras no irán rumbo a la desmemoria. Pase lo que pase, el papel de Guardiola en su Barça invita al recuerdo gigante. Hay gente que, en una calle, en una tribuna, en cien luchas o en mil rutinas, transforma algo del mundo. El Maestro Pep lo consiguió en la patria de sus esperanzas, los campos de juego. En la hora de tanta despedida, muchos corazones que laten fútbol sienten que eso merece un pedacito noble y honorable de la eternidad.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Fútbol,100 frases al pie

Seguramente por sus inquietudes y estudios juveniles vinculados al conocimiento científico,  le tienen ocupado en descifrar, desde hace años, las claves de este juego tan básico, llamado fútbol.
Una inquietud que convirtió en pasión y que vuelca a partes iguales en un despacho serio como el de la Dirección Deportiva de la R.Sociedad, en una sidrería de Donosti o en los prestigiosos Cursos de Verano de la Universidad de esa hermosa ciudad. Seguramente tampoco ella tendrá mejor embajador que mi amigo Mikel Etxarri, pero eso es otra historia.
 La que me ocupa es la de analizar semejante fenómeno, un maestro del bienvivir, en el amplio y más noble sentido de la expresión. Incapaz de hablar mal de nadie, ni de guardar rencor a tantos que no le han sabido hacer justicia. Generoso hasta el punto de no cesar en su empeño de que se le saque punta a algo tan inexplicable como es el fútbol. Supongo que le atrae tanto lo que se genera entre las cuatro líneas que se olvida muchas veces que es sólo un juego y encima jugado por seres humanos, impredecibles, variables y sujetos a pocas normas fijas.
Por esa insaciable hambre de analizar, es capaz, en una recaída de su obstinada enfermedad de quedarse con un torpe aprendiz como yo hasta altas horas de la madrugada a compartir mantel (de papel), en el más sentido literal de la palabra hasta dejarlo sin más espacio libre en el que poder escribir más graficos y movimientos tácticos. Que inolvidable velada con jueces de paz de alto nivel como el Dr.Xabi Azkalgorta, el artista Iñaki Otaegui o el experto en fútbol de todos los tiempos Naxari Altuna.
Ahora, en su inquebrantable sentimiento de compartir, el Maestro se puso delante del ordenador y supongo que conducido y soportado por su guía vital, su eterna compañera, nos regala un compendio de su sabiduría en un manual que desde el título es una invitacion a jugar leyéndolo, "Fútbol,100 frases al pie". Es imposible resumir más y mejor todo lo que de esencial y básico tiene el fútbol. Desde su mente analítica nos descubre esas pequeñas verdades que sustentan la complejidad de un juego tan simple. Mi enhorabuena amigo, animarte a más y a seguir añorándote hasta un nuevo encuentro. La siguiente pago yo, te debo tanto que no sé si tendré días para compensarte.







 Libro disponible en la Boutique de Afluentes. Para adquirirlo pónganse en contacto vía e-mail. 

              

martes, 11 de septiembre de 2012

Métodos a aprender o aprehender Métodos

Hace meses leí a la estrella del momento actual, Falcao, dedicar una tarde goleadora a su madre, en la festividad de todas las mujeres que nos alumbraron, y lo hizo en los siguientes términos:

“Dedicada a mi mamá en su día. Era pequeño y vivíamos en Santa Marta, nos íbamos a la playa mi mamá y yo, siempre con un balón. Como la pelota no rodaba bien en la arena, mi mamá me tiraba la pelota arriba y yo tenía que saltar y de cabeza devolvérsela a las manos. Toda la tarde, la pelota arriba y yo se la devolvía de cabeza, el sol caía y se hacía de noche hasta que ya no había luz para seguir jugando. Creo que ahí empecé a perfeccionar mi tiro de cabeza. Un abrazo grande para ella y para todas las madres en el día de hoy!”, escribió.

 ¿Cómo podrán explicar los amigos que desde la corriente metodológica del entrenamiento de moda actual destierran de plano cualquier actividad que sea tan analítica como la que describe el astro colchonero?

 Supongo que estos métodos, o mejor dicho sus abanderados, se olvidan del proceso natural que fluye de la mano de la vida y que nos hace iniciarnos a todos de bebés dando patadas a un juguete escurridizo, esférico que nunca se detiene, difícil de manejar y al que nos encanta agitar dándoles puntapiés.Que de niños nos encanta aporrear contra una pared e intentar sorprenderle encontrándonos tras él cuando venga de vuelta. Después, dirigirlo hacia nuestro mejor amigo estrechando nuestros lazos a través de los pases o los tiros que no disparábamos uno al otro. En mi caso con mi amigo Javi, el de Calzados Berta, en el Barrio de la Arena de Gijón. Bajo la mirada atenta de un taxista mítico que aprovechando la cercanía de su parada nos observaba y rebautizaba con los nombres de Quini y Castro. El gran "Chatin" padre de una saga mítica de grandes jugadores, Amador y Mario de La roca.Y luego sí, vinieron los "cuadrinos" con los colegas tras el cole, la seriedad de los equipos infantiles federados y todo lo demás, osea el fútbol, la profesión del fútbol y toda la intelectualidad, mercado y negocio que hay tras él.

 Supongo que todo ello nos seguirá arrastrando hacia nuevos tratados, más libros de ejercicios, más teorías sobre la bondad o maldad de los rebotes mientras estiramos, si los tests mejores son los de Cooper o la Course Navette. Si la iniciativa es del jugador, o es el entrenador el que hace buenos o malos a los equipos. Si hay que entrenar pensando o pensar antes de entrenar. Si las concentraciones son buenas o malas... La moda de cada momento irá imponiendo los radicalismos de cada momento.

Pero mientras haya Falcaos que jueguen con su madre en la playa, Iniestas con sus amigos en el patio del instituto o Messis con su modesta pelota a que no le caiga en el trayecto que va desde su cole a casa, el fútbol como espectáculo transmisor de alegrías y emociones varias, tendrá esperanza. Tal vez, porque la pureza es la mezcla feliz.Y por que el mejor entrenamiento es el que imita lo más fielmente a la mejor maestra que todos tenemos, la naturaleza. Como algunos sabéis, lo dice uno que lleva entrenando el juego a partir del juego desde mucho antes que alguien le pusiese nombre a ese método e hiciese tratados sobre él.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Cómo se vive una victoria en Almaty (Kazajistán)

Racha de partidos accidentados por cambios, lesiones, fichajes, nuevos métodos y sistemas, corruptelas arbitrales y demás cuestiones que hacen que los esfuerzos colectivos no alcancen para más que para empates. Rival complicado, cuarto clasificado, en puertas de puestos europeos. Entrenador rival mítico campeón de Champions con el Estrella Roja. Familia de visita tras tres meses de distancia y muchas horas de Skype.... En fin, todos sabemos, el efecto balsámico de algunas victorias que hasta a los feos nos hacen ser guapos a los ojos de los demás. Pero esta...tiene ese plus que sólo algunas poseen. Sobran las palabras cuando existen imágenes que explican mejor las emociones y sentimientos. Y en partidos como este son dificiles de describir y de amarrar.